Naturistrash

Después de la trilogía del núcleo duro, apio, berenjena y fruta cocinada, de repente me estoy encontrando con que las fobias, filias y rechazos con la comida vive adentro de mí un fogonazo de pluralidad y tolerancia. Encontré que la razón de ese trío tiene raíces antropológicas, porque a mi querida hermana tampoco le gustan entonces no puede haber invento ni razón posterior a la propia primera infancia: el niño ya escupía la mermelada. El dulce con salado sigue sin seducirme pero experimento con los sabores agridulces, sobre todo en el paraíso donde las fotos, los peces y los secretos abundan. Los cuentos chinos que hago en mi cocina, aunque en las últimas semanas casi ni existieron por falta de producto fresco en heladera y ganas, tantearon esos límites. Hasta probé con muchísimo esfuerzo algo parecido a lo anisado y no voy a decir, en público, que casi me atrajo. El sistema es una mezcla entre las semillas esporádicamente esparcidas de lino sobre el arroz integral y la pizza fortísima de acá a la vuelta, eso es naturistrash, el desbalance entre el mundo ajeno hace ya mucho tiempo de las carnes rojas y el universo inflado de los hidratos. Y todo lo demás también.

1 comentario:

Anónimo dijo...

rechazo el apio. tengo problemas con la fruta cocinada, pero detesto la verduda cocinada -que creo que en catalan se llama "escalibada" o algo asi, a ver si me corrigen.

la berenjena es complicada en cualquiera de sus formas. puede ser muy rica, pero la frontera con el desastre siempre es muy cercana.

bueno, llora el bebe, hay que hacer algo.

~ papa de dina