Esquina del sol

Hablé de vos. En el kilombo atroz de la mitá del día, entre el cumple noventa de mi abuela y la internación por suerte todo bien de mi abuelo, hablé como media hora de vos con tu amiga, pensando que ya no iba jamás a hacer cosas así. Mañana iba a llevarme la bici naranja, traerla a la casa nueva, andar entre veredas para llegar a una margarita pura, con todos nosotros: pero el casa miento de tamara es al mediodía, entonces todo lo que digo se vuelve de nuevo un cardinal hacia la costa que veo de carmel. Bajá por la uno, torcé en la 101 me dijo michel cuando almorzábamos y no planeaba nada salvo el atardecer llevando los muñecos que tengo para el príncipe de nuñez, antonio. Si todos los nombres se hacen guirnalda esta madrugada, es que pude asentar un pedacito en esta zona nueva de jardines como clips, inmaculada en el frío, con letras de canciones indestructibles, con mi hermana que llegó de mejico con sabiduría y sin acento. Vuelvo al día, te remonto y hablo clarísimo para que comprendas que dejando de ser la única sos parte de otro mundo, y en la tentación ayer de contarle todo a mi tía que te ama, me callé la boca: pero hubiera sido a destiempo, cuando en vez de ocupar un cuarto de estos cuatro necesitás vivir sola tantos años. Si pudiera, si supiera, me reinvento prístino, entre la costa central y las calles de unguento, el niumodel donde espié la demolición y encontré la pared que llevaba al primer piso, aráoz, incomprensible. No me leas. No me creas.

Me, Retiro

En julio de 1930, Alberto Siegrist dibujó la esquina de Alem y Tres Sargentos. En el trazo menos firme y brumoso, se explica un rasgo más actual, irreconocible la casa y el árbol quieto sobre la avenida ("siéntate a ver el día..."). Recuerdo que el año pasado, en una búsqueda similar pero hacia dentro del barrio, encontré para el comandante una foto original del palacio antes que lo demolieran. Se trata del sentido y el humo de un lugar que amamos porque, justamente, no tiene residentes fijos: un taxista me contó que vivía sobre reconquista en los cincuenta y solamente había marineros noruegos y chicas que los acariciaban. Mi querido hermano Iván estuvo hoy toda la tarde ayudando a empacar y llevándose presentes, encontramos variados comics de mucho valor pero mayores en emoción completamente pegoteados por el agua de aquel día, no me reconoció en una foto (tenías, uh, el pelo más largo), todavía lo que no es papel impreso no sabemos dónde meterlo, pero queda una sola noche aquí. ¿Cómo será caminar entre niños y perros, seres que nunca estuvieron de este lado de la plaza? ¿Volverán las siluetas de otras noches, como el sábado, y la risa de siglo que viene? Próximo dispatch: de este lado de cáning.

Ahí, enfrente, el frío

Como este sábado se festeja el fin de una era en una fiesta de terraza y hielos del amigo martín, volvió esa visera de los mid noventas, cuando íbamos a marcelo t. Antes, a la mañana, escuché algunos cuentos muy divertidos de la historia propia en callao, primer hogar de la carrera. Quizá lo único que me resultaba atractivo al asistir, más allá de la cercanía con mi casa porque el 95 paraba unos metros allá hacia el supermercado hawaii donde comían los de políticas, eran dos rincones: la escalera y el bar del sur, además del grandioso emporio del sandwich, justo enfrente. Una noche hice fila en el centro magnético del invierno, sobre la vereda, por cuatro o cinco horas para conseguir un número que te habilitaba a hacer otra ya sin frazadas al día siguiente en el segundo piso, y rogá que "metodología de la investigación" te salga los jueves de 11 a 13 (pm). El pasillo para la biblioteca que quizá fue nursery de la vieja maternidad, una sala de lectura rarísima, y una maraña de trámites que me llevaron a abrir un libro de actas abajo de una caja donde estaba la única constancia física de una calificación. No me acuerdo de ninguna persona, pero de muchas baldosas y carteles, salvo de dos o tres que seguramente bailarán ese mismo ritmo mientras alguien no entiende ciertos mensajes entre hielos y terrazas volcánicas.

un susurro muy especial, así me das más

Cinco y cincuenta y nueve, el preludio del regreso al barrio originario, donde Gabriel Burín me enseñó algunas cosas y otras vimos en el cuarto de sus hermanas que militaban en el PO del 83, fue ese lapso en que subía corriendo: si la mesa era la misma, iba a poder votar. En la escuela Magnasco de Av. de las chicas lindas esquina malabia votaba temprano el bostero del newman (¿cuántos votantes de de la rúa te apoyaron, cuántos vecinos con el estómago seco de tirria, cuánta gente fea en esta ciudad?), pero a la hora de subir la escalera ya no quedaba más que el frío. Esa misma madrugada, pero en mi comuna y todavía sin dormir, ella desde la cama me dijo la frase mas sabia: Usá tu desilusión. Era la última vez que entraba al darc rhum en este distrito, ahora será cuestión de ver qué forma tiene la vida bonaerense desde los ojos rombos. La música está en los cables (de noticias), están por llegar las margaritas, olvidemos todos los malos tragos de la política. ¿Será ese el mes de cambios????

Con una letra de él se hacen diez canciones

Para olvidar el amargo sabor que llega de brasil, mi amiga maría me envió la canción que escuchamos en san telmo de la boca de especia luminosa, quizá el mejor letrista al norte del río de la plata, con detalles musicales para enrollar canciones que sugieren un salto, y no hay demasiado que decir, pero se parecen al silencio. La novia, los goles, el maestro, el alboroto: el que cuando era chiquito yo quería ser. Fernando Cabrera:

Yo quería ser como vos
correr más que nadie en la quinta
tener tu alegría
tener una casa tan linda

Yo quería ser como vos
llevar tu sonrisa en la cara
tirarme del muelle
tocar la guitarra en la siesta

Yo quería ser como vos
saber manejar el lunfardo
ponerlo de moda
cambiarle el lenguaje a la barra

Yo quería ser como vos
domar de un galope la cancha
besarla con goles
tener una novia tan alta

Yo quería ser como vos
saber manejar a los viejos
dejarlos contentos
tener en un puño al maestro

Yo quería ser como vos
vestirme con sumo descuido
usar tu guiñada
pasear con tu jopo en la frente

Charlábamos de cualquier asunto
haciendo mucho alboroto
pero todos sabíamos desde un principio
que una frase tuya concluiría el caso.

Lionel en Newell's

Era su día, en el fervor del coloso, a principios el año dos mil veinte, Lionel Messi ingresaba al rojinegro salón de las almas que nunca lo vieron deslizarse sobre ese verde. Esa imagen solamente me atravesó recién, buscando el sueño como otras veces no pasaba. Quizá porque es el día de la bandera y en cadena unos militares flacos y sueltos sin gentes entonaron himnos desde el monumento cerca del río. Tal vez porque en la cancha de river, mientras yo me dedicaba a observar al público en vez del juego durante la temporada ochentiuno con ese jugador de argentinos vistiendo otra camiseta, sí, ese mismo. Ahí mai father rosarino me explicaba que un tiempo, antes, había sido de newell's al llegar y después no sé por qué se hizo de river como todos nosotros. Relámpagos que interrumpen: ese es el sueño, Lionel, el mejor, entrando a esa cancha, y no debe tener sentido, silencioso escuchando grupazos santafesinos (palmeras) en un reproductor digital durante alemania, extrañando hoy a oscar ustari, lejos, en ezeiza. Que lío. La última vez que pisé el verde el querido defensor Fernando Nalé fumaba un parisién, el de 4, yo de 2. Será que el grito fue nuestro en el 86/96, ahí mismo en el asiento en vivo en la primera, desde california en la segunda me la pasaban los amigos....No la quiero la copa para esos tipos mal aspectados, sin detalles, que hoy pueden traer una insignia con menos gloria. Entonces, prefiero la camiseta antes que la práctica o la televisión. Estoy lúcido. Brindo por Ortega, el último de una clase. Por Lionel, que perdió y es el mayor, por el Madrid. En un rato volvemos.

Tres cajas, de ahí nos vamos

En este momento preciso tirar es liberar de nuevo para que el aerostático levante vuelo: los últimos años se trataron de apilar sin selección, como había sido en los anteriores apilar sin control y ahora antes de volver ahí, cerca de la plaza guadalupe, donde empezó y terminó mi carrera de programador en logo y apenas basic, todas son cajas. No la de los tigres maravillosos, ni aquella donde las siquiatras responden con la sonrisa doblada, tampoco alguna de las dos francesas repletas de frases puras. Con el murmullo de la ciencia venís a ayudar y empaquetando podías rescribir ese tiempo largo en que no me conocías: ¿quién es el de la foto, ezequiel, no puede ser? ¿y ésta, en el balcón de república, con ese jopo? ¿las revistas las tiramos, son medio viejas, por qué están en sobres de plástico? ¿las primeras eightball me las prestás? ¿esa remera, la tenés puesta?

Anoche no pude dormir pensando en vos, mujer

Despertarse del sueño ordenado no es el reverso del insomnio y me doy cuenta que no hablamos de eso en todo el año, el buen dormir, las noches de radio oscilante, la mañana continua en el dormitorio. Todos los rincones de la casa que estoy por largar creí que no eran míos aún por las pilas de objetos que en su despliegue ininterrumpido no se vuelven marca del tiempo. Sostuve que solo hacemos propias las barricadas que sellamos. Me equivoqué: esta es mi casa, y ahora que se va a modificar en vez de volverla ajena voy a empezar a extrañarla. Es el genio del dub, sí, en la doble casetera del primer día como dj en un galpón del centro, intentaba rebobinarla y pegar sampliando otro mismo caset copiado para que dure más, pero los dedos no alcanzaban (cómo habrán sido esas sesiones con el mejor productor que sacó el sonido definitivo, dónde andará el poster callejero del show número 122 que vimos desde las gradas). Ave Cesar, los que ¿podemos? dormir te salutant.

Sobre la alfombra

El frío jugaba con nosotros a la tarde, en la confusión de ese calor medio ajeno, entre la veda y la dieta, carteles de un engrudo chorreado que el lunes iban a ser de hace tres siglos. En la casa de mi tío, llegó la noche...Fermín puso una máquina de humo, luces (las cuenta y mira la gran ciudad), yo traje la música y Anita, que hoy es muy doctora, bailaba en círculos entre todos los invitados y las jarras de daiquirí (gira y da más vueltas). Del otro lado de la casa, el ánimo de la charla y el champán se volvían bruma celeste, volvían esos cuentos perfectos de las señoras en pringles, con los padres, y una exclamación brillante ante la profusión de controles remotos: "acá hay tantos controles que esto es un descontrol". Todo terminó con profiteroles y sonrisas, al abrigo de las décadas y el futuro, con la familia que más quiero en este rincón del barrio.

Estacionamiento

Dicen por ahí que en san francisco hay tres estaciones: invierno, verano y niebla. Te extraño, sabelo, cuando los grados tienen menos de un dígito y me olvido de poner acentos, temperatura odiosa al pensar que la más fría estación todavía ni empezó y le queda un mes a ésta, de mentiras. No aguanto, realmente, la fiebre ya pasó, pero antes aunque sea había escarcha, falta el gas, la luz se corta cuando paso de página, allá la primavera fría tiene gracia china y podés salir a hacer unos cuantos km. de subida y bajada, los barrios duran quince minutos, y los asesinos llaman al chronicle para contar sus andadas. El único diario que leería impreso, a ver quién toca en bimbos o esa columna de restoranes, yuet lee con los números primos. Hasta el insomnio se disuelve en el pacífico y uno puede iluminar a quien dejó allá lejos como si ella fuera la reina de java, al rato escuchar en vivo estaba bailando en un bar de lesbianas y que esa misma madrugada el mundo se desplome para siempre.

Tus treinta años temblando de cariño

En el día de varios aniversarios, imposible eludir como tantas veces la huella del número, un poco esa plaza y esas largas horas en devoto esperando la salida y el extraño mes y medio primaveral. Poco resta para la bicentenia en esta ciudad cada vez más rara. Recordamos también la entrada en la joven adultez del relato de corazones acelerados, soles de láser doble, hijos díscolos y regurgitación de mitos que tanto nos gusta, por supuesto. Para cerrar la serie gik del dibujo y los filmes en este frente: adentarse en otros terrenos que mantienen la brújula apuntando de nuevo a la música, uh....Unos muchachos armaron legión, están totalmente chiflados, y además del fanatismo cuasi religioso del culto se organizan como un ejército para profesar el bien de la comunidad. Saludos a Gary Kurtz, el primer productor que volvió una noche.

Mi Viuti

En las playas donde aprendí a caminar, Roberto López murió el mismo verano aquél de los despertares y los canta bares y los autos lunáticos y el divorcio. Todo entre la arena, como otros meses de otros años allá, eran portadas que el carrito traía, humor quincenal que en febrero era por mes, boxeadores santafesinos y balcones: el peor final para el mejor humorista. Viuti siempre me había sorprendido quizá por el trazo que sólo vi en Lizán apenas de este lado, el espacio en despliegue, los edificios detrás que no se terminaban, la única sombra sin firmeza, pero era la burbuja del centro a las tres. Lo diminuto como estado de ánimo perfecto y en su esfera, "Los Superados" que es brillante, sicólogos con carterita, la maestría. Ayer volvió entre las cajas una edición en tapa dura del 82, la única creo en ese deluxe, también tengo "El Sexo De Viuti" que Distal confunde con porquerías de Nik en anaqueles, corran. El flequillo de teodoro entre nosotros.

(fuente del scaneo currada de este gran blog)

Todo lo que sé en la vida lo aprendí de dc

En un ensueño de frío y niebla, intentaba explicarle a un amigo de qué se trata la "continuidad" en el universo dc. Para espantar a los incrédulos de los quadrinhos, el discurso de ahora en más se cierra para explicar el mundo a partir de los cuatros colores: dejá de leer, o seguí, si podés. Todo esto es literatura, quizá la única que me interesa en un formato jubiloso, acá, acá y acá. Después de la guerra, los superhéroes volvieron con otras formas y los anteriores quedaron olvidados hasta que el maestro Gardner Fox unió a dos flashes de ambos mundos, armó el quilombo que recién la crisis puso en fila para crear más agujeros como gente sin pasado o estatuto temporal o amigos o casa. Ahora todo es lío, y hoy me compré después de añares un par de ejemplares a ver que pasaba en el mundo, en una visita a Fredy, sagaz en los subsuelos donde todo empezó, la galería james bond street. Qué lindo leer los doce números de crisis enteros tomando el mejor jugo, pero quién podrá hallarlos entre tantas cajas, entre tantas muelas: abrimos los códigos para que se hidrate todo, para que vos entiendas que al hablar te estás quedando muda.

Te dare dos flores y vos un duodecadron

Elvio sacó con su mano maestra la muela del juicio del costado izquierdo el que palpita, antes, sentado ya en el banco de plástico y con la vista entera de callao hacia entrerío en singular, me dijo que días atrás había estado un amigo cantante gran compositor, judío por la mitad en el mismo lugar. De regreso con muchas pastillas y un duodecadron, hablamos sobre la inteligencia del hombre de la velocidad en los dedos y la boca, ya tanta farmacia y menos aguante me hacían ver cualquier cosa casi en viewfinder. Elegí un filme donde actúa kevin s, y no de bob silencio, donde la pesca está por detrás y se llama "agarre y largue", y también este otro que ilustra, sobre cazadores de almejas en los setenta. Anzuelos y dientes para vos.

Despedite un poco más, dale

No hablamos, rompe el silencio, leo todo lo que escribí unos meses del año pasado donde había mas adjetivos y más palabras graves que registros del día y libros en el curso del agua. Quería prestarte una grafic novel de seiscientas páginas sobre una frazada y vos seguro pensabas que es más triste, te dabas vuelta, todo parecía simple y sinuoso en la recuperación sin pasado: no te olvides que estás presente igual, eh, aún en el enojo. Volví de nuñez por la avenida de las chicas lindas y tiene 55 cuadras donde cada segundo podría organizarse como un modelo, o un tono, de los metros recorridos, cada cuadra un estilo, un año del calendario, cada esquina un borde, cada vidriera de noche un pedazo de la canción que me olvido. Ayer, cerca de la puerta, cuando dije que me había despedido, yer friend afirmó muy segura el principio de la próxima después de las dos que hicimos hoy: "despedite un poco más". La mejor frase del otoño.

Cosas de los dos

La tarde aquella en el estudio de grabación: primeras sesiones de quién tiene el publishing, junto al compañero inglés que esta vez comprendió los géneros populares de latinoamérica y españa y entonó musicalizando mis letras, en una dupla parceira que da sus frutos en el cruce, en la tensión y el júbilo. Por la noche de esa tarde, la explosión estelar con el frío de otoño y las huestes de la amabilidad eterna que sonríen ante esos versos: "voy cruzando el mar sin pastillas/y parece que aprenderé a volar", desde arriba, en un sillón, todo se ve mejor. Perder quilos, guardar los amores, el equilibrio es el rey del presente. Los dos linus, finlandia y california, lo saben.

Después del banco de arena

En un pequeño desliz del torrente, pude correr apenas, la lluvía se detenía: volví al lugar que no se había inundado. El martes por la noche en esta ciudad del sur la confusión paralizó los corazones y el subterráneo, cinco minutos después el centro vacío y las avenidas tiesas. Los muchachos de un sitio surfero imaginan reportes del tiempo distrópicos donde se puede bajar de una ola en la costanera, como ilustra la foto. No es tan distante, en la inundación del ochenta y cinco cruzamos una galería de la calle canning con el agua casi entre los dedos, y una tabla de telgopor hizo el resto. El peso se va perdiendo, llegaron los libros, casi todo está en orden. ¿Volvió el tono cerrado, lo inconexo, aquello que no se entiende demasiado? Quizá. Por un rato. Hoy es un día importante: el sistema que será batalla y fin del enemigo ya anda suelto por los cables. Lleguemos a él. Tiene las respuestas.

Casa quiere

Mientras un casa miento invierte opciones, nos muestra más solos que la noche anterior, deslumbra, ocurre como recorte de otra zona que no es siquiera imaginable con sus momentos de veracidad y sorpresa singulares, algo se está rompiendo. Un amigo que está serio y tiene la mente limpia como la garganta, otro compañero de una noche pura y un siglo se encamina al altar, alrededor aparecen los niños nuevos de los búfalos setenta y tres. El lazo entre ambos hogares. La rama. Un resto apenas de la película que terminamos de ver, a ver si nos hace invisibles, a ver si empezamos con los anteojos negros, a ver si el fantasma del insomnio se sienta en el patio: a ver si vos me regalás el final porque el principio ya es demasiado triste.

Las chispas azules del lunes

" Temprano, una mañana/el sol brillaba/estaba tirado en la cama/Pensando si ella había cambiado/si su pelo era rojo todavía/sus padres dijeron que nuestra vida juntos/seguro iba a ser complicada/(...)/La ayudé a salir de un lío, creo/pero usé un poquito demasiada fuerza/Manejamos ese auto tan lejos como pudimos/lo abandonamos en el oeste/nos separamos en una noche oscura y triste/los dos de acuerdo en que era lo mejor/Ella se dio vuelta para mirar hacia mí/mientras me iba/la escuché decir sobre mi hombro/nos vamos a encontrar de nuevo algún día sobre la avenida" (esa avenida)
Robert Z, 1974

Las cenizas del domingo

Una pascua de vía crucis, alegrías en el casamiento de iván el querido amigo (que cantó en francés con padre y hermano), sin ver hasta hoy ni un filme de festival. Bueno: todos los sabemos, algunos por otros medios los documentales hemos visitado, entre huevos felfort y besos, sobre todo aquel sobre el mejor equipo disco del mundo. Broccolino trajo siempre, casi al filo del cierre, el mal humor pícaro de sus dueños y la mejor comida del barrio. Volvieron, uh, los noventas en las caras de córdoba y san martín, tienda de otras glorias. Te dije: salgamos del lugar de la demanda y pasemos al de la oferta, donde se respira mejor, mientras soñaba con otra canción y rimé bastante con radiante. Antes de caminar la media cuadra sobre la mía propia....me acordé de dónde venía ella, o su doble: She came from southwestern Missouri .. the hills outside the scratch-ass Ozark town of Theodosia set in the cedars and oak trees somewhere between nowhere and good-bye.